Jürgen Habermas

“La vanguardia debe encontrar una dirección en un paisaje por el que nadie parece haberse aventurado todavía”

Quisiera conducir mi escrito, hacia algo más que un resumen, la relación que encuentro con él en algunas experiencias personales. Algunos de los enunciados del texto me hacen recordar vivencias, en las que si me hubiese apoyado en material como este me hubiera resultado más interesante y fructífera la realización de algunas prácticas. Mi experiencia en la escuela, me ha llevado a concluir que no siempre la academia tiene la respuesta a todo lo que tanto ansiamos descubrir, nuestros deseos de creación se ven muchas veces atados por ideologías conservadoras que contaminan con miedo la necesidad y el disfrute de hacer materia nuestros pensamientos.

No pretendo decir de ninguna manera que el arte tiene el derecho de actuar por actuar, no soy partidaria de un arte “sin sentido”, sin fundamentos y mucho menos sin planteamientos elocuentes y lógicos; pero por ningún motivo estoy de acuerdo en rendir culto a ese “miedo al fracaso”, a esas cadenas que nos obligan a continuar haciendo lo que ya está hecho, actividades que adormecen nuestro cerebro y que en ocasiones nos vemos obligados a desarrollar, “como el payaso que espera un aplauso por su actuación en el circo”. Desde mi punto de vista, y entre todas las facetas de las que el arte goza, considero que el disfrute de la realización plástica da un sentido a todas nuestras creaciones, quienes nos sentimos apasionados por el arte conocemos esa necesidad creadora que nos impulsa a mostrar ese mundo interior que no para de girar, o que por lo menos que en mi vive , por lo tanto considero frustrante cuando nos vemos limitados a cumplir funciones tradicionales, no hablo de una rebeldía que se cierra ante todo lo realizado siglos atrás, por lo contrario cada uno de los logros en cuanto a técnicas y contenidos resultan para mi enriquecedores; en lo que no estoy de acuerdo y que consigue enloquecerme en el peor sentido de la palabra, es esa necesidad que algunos de los maestros con quienes me he topado encuentran en obligarnos a producir y reproducir imágenes simplemente porque son consideradas obras de calidad, todo esto para mi es una red que encierra y no deja avanzar y relucir todo lo malo y bueno que está por llegar, quién dijo que el plasmar lo que es “real” sin intervenirlo es lo mejor que se puede hacer?...probablemente lo sea, pero creo que jamás caeré en dicha práctica.

El elemento del tiempo a algunos logra aterrorizar, quitando valor a aquello que por efímero y pasajero no deja de ser bueno, no pretendo hablar de una rebeldía y revelación ante las funciones normalizadoras de la tradición; -“la modernidad vive de la experiencia, de rebelarse contra todo cuanto es normativo”- ,tampoco de convertir el arte en un quehacer para cualquiera, pero si con gran aceptación doy paso a todas esas propuestas que abren nuestros sentidos cada día y conducen nuestros pensamientos hacia detalles que pocas veces tenemos en cuenta, es de gran valor para mi ver en cada pequeña cosa un elemento artístico al que la retórica le otorga un maravilloso sentido, es sorprendente la capacidad del ser humano (de la mano con el arte) de ver mas allá de lo que físicamente se tiene, el análisis y las diferentes percepciones le dan un valor agregado a la vida, ese sentido que en innumerables ocasiones solo el arte y la filosofía consiguen dar, el sentido de nuestra existencia.

Nada deja más que la experiencia al explorar, por eso creo que debería ser dominante para la práctica artística, no como algo definitivo, sino como un método certero, el desarrollo de la expresión ya que considero que no sólo llegaremos a resultados, sino buenos, también seguros siendo completos propietarios de todas y cada una de las cosas que hacemos, aún mejor si esto se lleva a cabo desde nuestro presente, que es apenas un comienzo; referenciándonos en actividades antiguas claro está, con el fin de encontrar una salida y relacionando todo ello con los problemas de nuestras propias vidas, vinculándolos a nuestra cotidianidad, no solo individual, sino nuestra condición social de la que hacemos parte.

“La experiencia estética no sólo renueva la interpretación de nuestras necesidades a cuya luz percibimos el mundo. Impregna también nuestras significaciones cognoscitivas y nuestras expectativas normativas y cambia la manera en que todos estos momentos se refieren unos a otros”