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La Coctelera

ENSAYO ÉTICA

Sexo y cuerpo vacío

¨ Obra de Luís Caballero ¨

La sensualidad, el erotismo y el gesto traductor de dolor que se confunde con pasión son la esencia que trasciende a la mirada de la obra de Luís Caballero, la búsqueda de la armonía estética por medio de grandes formatos y dibujos sueltos, es en lo que se transforma su soledad, conflicto y visión en medio de una sociedad líquida de pasiones pasajeras.

Encuentro en la obra de Caballero el desencadenamiento de diferentes fenómenos motivados a partir del pensamiento de un joven homosexual que refleja su mundo interior y el dolor de un cuerpo estremecido por medio de una evidente angustia dramática, son la piel y los músculos de la particular anatomía masculina plasmada por el pintor, denuncia de una violenta agonía, armonía y pasión de un erotismo vivido entre el dolor y el placer ya sea físico o espiritual. Está el cuerpo como elemento comunicativo de deseo, necesidad y códigos tanto artísticos como éticos y estéticos.

Desde el aspecto de su homosexualidad surge un tema poco tratado en el arte, pero por qué ha de serlo cuando debería ser una condición como la de cualquier persona heterosexual a partir de la cual su obra no gira entorno a dicho aspecto?­. Es entonces cuando su obra asume este carácter que se camufla entre un mundo teatral, y a pesar de sus condiciones temáticas consigue sobresalir gracias a su técnica y asombrosa destreza como un pintor que entre sutileza y veracidad podría definirse como poético.

Al encontrarnos con el tema de la sexualidad en el arte, nos encontramos con un tema de inimaginables transformaciones que vagan entre el tabú y el libertinaje, más aún si lo que pretendemos es correlacionarlo con códigos éticos; asunto controversial desde el momento en el que intentamos definir estos términos o establecer puntos de vista de lo que sería el homosexualismo, la ética y la sexualidad en el arte.

Asumo como ética “el arte de saber vivir bien”; claro está desde una perspectiva muy personal pero con infinidad de variaciones; variaciones que surgen desde que aparecen intereses particulares o circunstacias determinadas. Si bien, de una manera errónea la palabra estética se le ha otorgado a situaciones de nuestro mundo actual muy lejanas de su verdadero orígen, hablando de arte la definiría como ese ingrediente que da al artista la precisión para conseguir la armonía, ya sea en cuanto a temática o técnica.

La humanidad a lo largo de la historia de casi todas sus civilizaciones ha trabajado por acercarse al parámetro que de una manera individual ha establecido como de lo que se considera estético, buscando constantemente darle un sentido a su existencia y a su vida ya sea individual o en comunidad. Aparece entonces la expresión artística como elemento representante de dicho norte; arte y estética buscando interpretar la realidad; cambiarle su sentido y por qué no su significado.

Encontramos en el arte al mismo tiempo la explosión de una necesidad constante entre nosotros, la necesidad de inmortalizarnos en tiempo y espacio; pasado, presente y futuro, siendo el presente a su vez ese pasado y el anhelo de ese futuro. Esto nos obliga a re significar el sentido con el que asumimos nuestro entorno, en el caso de la obra de Caballero el cuerpo y su forma, su función y su estructura sirven como conexión que nos conduce a interpretar una manifestación acerca de su vida y su situación; aquí nos encontramos con la ética que como reflexión permanente, expresada en una escala de valores y en una búsqueda de capacidades para participar libremente en la dinámica social; y que en la obra de caballero se consolida como proyecto de vida que se construye a partir de sus experiencias y perspectiva; tal como sucede con el arte y la ética, generando la condición de actuar social y de agente social transformador.

El artista es un actor social y un agente social, quien a partir de la interpretación que hace de la realidad re significa la vida y su contexto, y al hacerlo re significa la cultura, los valores, la moral y la misma ética. Luis Caballero de una manera no directa da a conocer su tendencia sexual con la naturalidad que le proporciona su habilidad para desarrollar un dibujo enérgico que si bien impacta por su temática acerca al público, involucrándolo en este y que a mi modo de ver logra compenetrarlo con él consiguiendo su aceptación y alcanzando una posición; “trazando con firmeza su propia condición” a pesar de su lamentable final.

Podría entonces el lugar que alcanza en la sociedad con su temática Luis Caballero brindar una aceptación ante el tema para las próximas generaciones?, o simplemente evidenciar el resultado al que dicha tendencia podría arrastrarnos? Es entonces cuando concluyo que a pesar de que el artista entre otros personajes encargados de evidenciar tendencias en las sociedades podría influir y transformar pensamientos; el esquema mental individual es algo intransformable, por lo tanto no comparto la posición escandalosa ante lo que el arte con sus diferentes y particulares propuestas pueda generar en dicho esquema mental de todos y cada uno de nosotros como individuos; lo identifico mas probablemente como ese miedo inconfundible ante el desorden de las estrictas filas que por décadas nos hemos visto obligados a seguir; aquellas llamadas normas; la normatividad social que nos reprime castigándonos con el miedo; disfrazado del caos que nos amenaza cuando se rompen las normas.

El dibujo masculino de Luis Caballero, por medio de su trazo erótico centra su atención en el torso y de una manera monotemática evidencia lo que serían sus relaciones humanas sobrepasando la búsqueda de la “estética” común expresando sus propias vivencias por medio de factores como el éxtasis y la muerte, generando la necesidad de resolver ecuaciones físicas imposibles dentro de una realidad distinta a la del universo plástico. Si organizáramos cronológicamente las obras del artista observaríamos el cambio técnico y formal desarrollado en cada uno de los periodos de su carrera; cada uno representa en un principio una figura abstracta que no evidencia ni sexo ni facciones; interpretada como miedo, falta de identidad o evasión de su propia condición, el anonimato de los personajes y el gran formato acompañado de la estridencia del color posteriormente a pesar de la monocromía; su último periodo es oscuro adueñándose casi en su totalidad de los elementos.

Si su propuesta nos permite hacer una interpretación de su propia realidad, hemos de tener en cuenta la situación del homosexualismo en nuestros tiempos, presente que se alimenta de las vivencias, los vestigios y las marcas de todo un pasado; la homosexualidad empezó a valorarse como una falta de respeto por el cuerpo y lo que consideramos el amor propio, sin tener en cuenta que el ser gay se ha convertido en un fenómeno de carácter consumista, dando paso a interpretaciones particulares acerca del sexo y el cuerpo; atacado como un elemento de mercadeo social, que evoluciona según parámetros establecidos dentro de los que ya no se goza de su sexualidad por naturalidad, sino dentro de un sistema en el que se elige entre el heterosexismo y el homosexualismo, dentro del que se nos dificulta identificarnos cayendo en un libertinaje sin rumbo. Consideramos entonces nuestro cuerpo físico como el elemento mediador que nos hace sentir plenos como personas y como seres integrales?

Qué es lo qué buscamos entonces saciar por medio de nuestra sexualidad? Cuál es esa gran parte de nosotros que gira entorno a ese vacío y que en ocasiones es el arte el único medio que lo evidencia? Cuando el artista a través de su pensamiento sirve de puente entre lo “bello y estético” dentro de lo físico que trasciende al sentimiento y lo posmoderno “líquido y pasajero” convierte el dolor silencioso en un lamento ahogado que solo se percibe en la contundencia del gesto, del músculo y la piel tal como lo hace caballero con su producción artística.

En su obra se re-crean los colores, las expresiones, los gestos, los matices y las manifestaciones; ello obliga a resignificar la comprensión e interpretación que la cultura tradicional le ha dado a lo que se pinta.

RESIGNIFICAR Y RE-CREAR LA REALIDAD ES ABRIRLE NUEVOS HORIZONTES Y REFLEXIONES A LA ÉTICA, PARA QUE SEA EQUILIBRADA LA INTERPRETACIÓN QUE ESTA HACE DE ESA REALIDAD.



"LEVES SENSACIONES" MANDALA

La utilización del mandala con el fin de involucrar colectivamente a la comunidad universitaria y/o a quienes quieran participar en su realización haciendo catarsis de sus pensamientos sin dejar a un lado la carga conceptual que este tiene, la cual pretendo fortalecer por medio de la utilización de materiales específicos.

El mandala como una representación simbólica del macrocosmos y el microcosmos que nos representa como individuos particulares y en comunidad, pretendiendo recordar la carga espiritual del ser humano; los conflictos a los que tanto nos aferramos perdiendo consciencia de lo mínimos que realmente son.

Se trata de realizar un mandala diagramado por medio de figuras geométricas que no tendrán la intencionalidad de tener inicio ni fin, quien desee involucrarse con este podrá hacerlo libremente, su construcción se llevaría a cabo en el patio empedrado de la facultad de Humanidades de la U.T.P, iniciando allí y apropiándose con su crecimiento de cuanto lugar se encuentre; integrando a los estudiantes e invitando a externos que deseen participar también, se dará inicio a este y quedará abierto para quien quiera intervenirlo. La intencionalidad del proyecto será demostrar la impermanencia de los conflictos que tenemos en nuestra vida y a las cosas que con tanto deseo nos aferramos y en las cuales invertimos gran parte de la misma sin caer en cuenta de lo pasajeros que realmente son y al fin de cuentas también nuestra propia existencia; la elaboración de este podrá llevar días y una vez este valla avanzando se irá destruyendo. Su construcción parte de los elementos que cada persona considere representativos y agobiantes dentro de sus propios conflictos; si bien estos no se encuentran materializados se podrán escribir en el papel e integrarlos en la obra; también todas esas cosas que guardamos por años y de las que nos cuesta tanto deshacernos olvidando la poca importancia que estas trascendentalmente tienen; cada cual dará un propio carácter a todo de lo que se desea deshacer. Todos estos elementos construirán el mandala; dentro de ellos podremos encontrar cuanto objeto imaginemos y deseemos; estos podrán destruirse antes de integrarlos a la figura o dejarlos tal y como están; si una persona ajena desea tomarlos también podrá hacerlo.

Con el paso de los días el mandala se irá desintegrando, ya sea por las condiciones climáticas; porque otras personas se apropien de sus elementos o porque simplemente sea considerado como basura y sea levantado de allí a pesar de que siga creciendo; todo esto con el fin de representar lo leves que a fin de cuentas todos esos grandes conflictos que tanto nos atormentan son, y que a pesar de que viven en cada uno de nosotros y por más particulares que sean todos son iguales de pasajeros como nuestra vida misma, su carga e importancia es pasajera como esos segundos que vivimos en la tierra y que tanto como nuestras complicaciones volarán dejando se ser tan importantes como en algún momento lo pensamos; si bien estos se convierten en el centro de nuestra existencia y son considerablemente influyentes en innegable la levedad que para los demás y que para nosotros mismos en algún momento tendrán aunque de momento nos aferremos a ello o no lo veamos con claridad.



REFORMULACION DE ALGUNOS SENTIDOS DE LA OBRA...

La intencionalidad al ubicar el proyecto en un espacio de la U.T.P, hace parte de un interés personal más que de una necesidad de la obra; esta no depende de dicho espacio y hasta podría desarrollarse en cualquier sitio. Mi interés al hacerlo es el de integrar a la comunidad estudiantil con nuestras propuestas y apartar esa idea recurrente del arte como un mundo oscuro y de poco acceso; considero que todos deben en cierta forma involucrarse con este en la medida de lo posible y de sus intereses claro está; nosotros como estudiantes de artes pienso, tenemos un gran compromiso. (Nace en la comunidad Universitaria para extenderse al resto de la comunidad buscando su participación).

La aproximación que hago a la mandala parte de su carga simbólica y conceptual; como representación esquemática del espíritu; un elemento unificador con el universo; cuerpo y alma, con el surgimiento de este parte su única y propia diagramación construida con el material propuesto; ya que la idea es que quien se acerque a este haga catarsis de todo aquello que considere pueda descargar allí, el uso posible de los materiales es muy amplio puesto que se daría de una manera particular, es decir cada persona dejaría allí cuanto elemento quisiera; como por ejemplo ropa, comida, artículos personales, etc. Siendo alusivos a todo aquello (que como plantee anteriormente) represente una carga para su vida ya sea física o emocional, la transformación que se dará en estos elementos por los factores mencionados anteriormente y la levedad que demostrarán tener cuando se desintegren cumpliría entonces el papel metafórico de todo aquello en lo que en una manera banal se convierte nuestra vida; que muchas veces encerramos en todos esos problemas olvidándonos de nuestra condición de “visitantes a corto plazo”.

La motivación a la hora de participar en ella considero que sería algo muy individual; comparable con la motivación que tiene aquél que se acerca a una “fuente de los deseos con la intención de cumplir un sueño” (aclarando que mi proyecto no se relaciona en ningún momento con una fuente de los deseos). Si bien el mandala no asegura un viaje al espacio, un cupo en el cielo o la felicidad eterna; está impulsado por la necesidad que todos muy seguramente tenemos de quitarnos uno que otro peso de encima; que aunque siendo conscientes de que al final del camino tiene poca importancia; es en nuestra vida en la que se convierte en ocasiones aquellos “pesos pesados”.

LAS FEMINISTAS Y EL POSMODERNISMO

Desde mediados de los 50 se hace evidente la decadencia de la civilización europea, creando la necesidad de buscar diferentes culturas a la sacudida de la dominación y la conquista. “Cuando reconocemos el fin de una especie y de monopolio cultural estamos amenazados a la destrucción de nuestro propio descubrimiento, resultando posible que hallan otros y que no seamos mas que un otro entre otros. Se nos permite viajar entre varias civilizaciones como si fuesen ruinas y vestigios. Esta condición se ha empezado a considerar entonces como posmoderna. Esta pérdida del dominio de nuestra cultura anticipa la melancolía y el eclecticismo que inundan la producción cultural de nuestro tiempo; convirtiéndose no en un reconocimiento sino en una reducción a la indiferencia y la intercambiabilidad absolutas.

Nuestra identidad cultural, es decir la occidental está en juego, concluyendo que nuestra cultura no es ni tan homogénea ni tan monolítica como se consideró en algún tiempo. En conclusión como nos lo plantea Ricoeur, las causas de la desaparición de la modernidad radican tanto dentro como afuera.

La autoridad de la obra de arte se basaba en la universalidad de la estética moderna atribuida a las formas representadas para la interpretación visual por encima de las diferencias de contenido debidas a la producción de obras en circunstancias históricas concretas más que de representar visiones autenticas del mundo. La obra posmoderna busca una estabilidad alternada con la posición de dominio, buscando la introducción de la heterogeneidad, la discontinuidad y la glosolalia, supuestamente causando la crisis de del sujeto de representación.

Los posmodernistas exponen la tiranía del significante, la violencia de su ley; ¿quién en nuestra cultura es mancillado por el significante? Aquello que excede: que trasgrede la figura de toda posible representación no puede ser en última instancia más que la ley, lo cual nos obliga como concluye Derrida; a pesar de un modo por completo diferente.

La manifestación posmodernista tiene lugar entre la frontera de lo que puede representarse y lo que no, para por medio de este sistema exponer y autorizar ciertas representaciones mientras prohíbe o invalida otras. Entre las prohibidas y a quienes se les niega toda legitimidad están las mujeres. Dicha prohibición se presenta a la mujer como el sujeto y rara vez como el objeto de representación.; puesto que desde luego no faltan las imágenes de mujeres. A fin de hablar de representarse a si misma una mujer asume una posición masculina; quizá esta sea la razón por la que se asocia a la femineidad con la mascarada, la falsa representación. Montrelay identifica las mujeres como la ruina de la representación, sin nada que perder; su representación occidental expone sus límites. La crítica feminista y la crítica posmodernista de la representación se cruzan.

Si uno de los aspectos más sobresalientes de nuestra cultura posmoderna es la presencia constante de una voz feminista, las teorías del posmodernismo han tendido ya sea a hacer caso omiso de esa voz o a reprimirla. La ausencia de escritos y comentarios sobre la diferencia sexual y la poca participación de mujeres en el discurso posmodernista llevan a pensar que el posmodernismo es una creación mas del hombre para excluir a la mujer.

A pesar de que los críticos masculinos respetan el feminismo en general rechazan el dialogo al que sus colegas femeninas tratan de incorporarles. Estas son acusadas de ser poco o demasiado profundas. El feminismo se asimila rápidamente a una serie de movimientos de liberación o autodeterminación. El feminismo no es entonces sólo visto como monolítico, supliendo así sus propias diferencias internas sino también postulando una vasta categoría indiferenciada. Los hombres no se muestran muy dispuestos a encarar los problemas sometidos a crítica por las mujeres; aunque esto sea también un problema de asimilación.

La moderna práctica feminista puede cuestionar la teoría y no sólo la teoría estética “no hay un discurso teorético aislado que vaya a ofrecer una explicación de todas las formas de las relaciones sociales o cada modelo de práctica política”.

La condición “No hay un discurso teorético aislado” es también posmoderna y feminista. Lyotard define un discurso como moderno cuando apela a uno u otro de esos grands récits para su legitimidad. El advenimiento de la posmodernidad señala una crisis en la función legitimadora de la narrativa.

El grand récit de Lyotard sólo podría traducirse por “narración maestra”, estando en juego no sólo la condición de la narrativa sino de la representación misma pues la edad moderna no fue solo la de la narrativa maestra sino también la de la edad de la representación según Martin Heidegger aunque sólo se publicase en 1952 como “la era de la imagen del mundo”. Planteando la transición a la modernidad como la sustitución de una imagen del mundo medieval por una moderna; sino más bien el hecho de que el mundo se convierta en una imagen es lo que lo distingue de la era moderna.

El acontecimiento fundamental de la era moderna es la conquista del mundo como imagen. La palabra imagen significa ahora la imagen estructurada que es la criatura de la producción del hombre que representa y coloca ante. Con esta producción el hombre lucha por la posición en la que puede ser ese ser concreto que da la medida y traza las orientaciones de todo lo que es.

Con el entrelazamiento de dichos hechos la transformación del mundo en una imagen y el hombre en un tema se inicia esa manera de ser humano que viriliza el reino de la capacidad humana que deja de medir y ejecutar, con el fin de obtener el dominio de lo que es como un todo. Los artistas contemporáneos logran simular la supremacía y manipular sus signos asociándola en el periodo moderno con el trabajo humano; degenerando hoy la producción estética en un despliegue de un trabajo artístico apasionado.

A la misma vez está el grupo de artistas que rechaza la simulación de la supremacía a favor de una contemplación melancólica de su pérdida; hablando de la imposibilidad de pasión en una cultura que ha institucionalizado el estilo propio.

El arte posmodernista habla de empobrecimiento atestiguando una negación deliberada de la supremacía. La estética moderna afirma que la visión es superior a los demás sentidos por el hecho de estar separada de los objetos. Los artistas posmodernistas no niegan este enunciado pero tampoco se apoyan de él. Sin tener en cuenta de la sobre posición de la vista ante los demás sentidos ha empobrecido las relaciones personales. Cuando la mirada domina el cuerpo pierde su materialidad transformándose en una imagen.

En conclusión la prioridad a la visión es un empobrecimiento sensorial aunque la crítica feminista vincula este privilegio de lo visual con lo sexual; los artistas masculinos han tenido que investigar la construcción social de la masculinidad; las mujeres han iniciado el proceso de la búsqueda y construcción de la femineidad, prolongando la vida del aparato representacional existente.

La gran mayoría de las prácticas posmodernas y su trabajo teorético sugieren una situación histórica supuestamente caracterizada por su completa indiferencia, hoy en día las artes visuales disuelven aspectos que en su momento eran de gran importancia como original y copia, auténtico o inauténtico, función o adorno; cada término contiene su contrario y su interminación trae consigo una imposibilidad de elección y equivalencia absoluta proporcionando una amplia intercambiabilidad de elecciones. El feminismo y su carga de diferencia nos lleva a reconsiderar absolutamente todo, donde un saludo en su imagen es equivalente a un hola, necesariamente claro esta desde una posición masculina: las mujeres han reconocido siempre la diferencia.

Colombia, "EL PAÍS MAS FELIZ DEL MUNDO"

SENTIDOS TRAUMADOS

Si bien los sentidos nos sirven para interpretar la realidad por medio de lo que nuestro cerebro captura; hemos de ser conscientes de que somos victimas de un engaño, ya que el interpretar la verdadera realidad actual de una manera constante resultaría desbordante; esto implicaría desentrañar la esencia de todas y cada una de las circunstancias que nos rodean; trabajo con el que aún no convivimos.

Mi propuesta surge a partir de la idea artificial de felicidad introducida en nuestro país a través de los medios de comunicación; sus elementos hacen alusión a la búsqueda de ese equilibrio entre lo que digerimos con facilidad y lo que se nos dificulta aceptar, lo suave disfrazando lo áspero; pero que de una manera u otra resulta siempre evidente, ineludible y doloroso. La realidad de un país que constantemente es tan susceptible al cambio como la textura del papel higiénico y su único uso; de quien sea y cual sea su condición se hace un elemento cotidiano y doméstico.

El papel higiénico con una doble connotación y sentido; en su interior hay una textura áspera, a la cual no quisiéramos darle el uso que el objeto nos sugiere; cubierta por aquella realidad introducida, que nos vemos obligados a comprar por fuerza; aquella felicidad artificial, en este caso la suavidad y el aroma del que gozamos al utilizar el papel higiénico, una realidad oculta y tergiversada por los medio de comunicación y apoyada por ese egocentrismo que no nos permite sentir mas que nuestros propios problemas.

La repisa como estrategia de mercado común busca evidenciar dicho asunto como el elemento mercantil que se nos obliga a consumir; esa supuesta paz de la que goza el tricolor, ese producto que al destapar nos sorprende con una amarga novedad.

Si bien los datos que nos proporcionan las encuestas no son verdades absolutas, sí son información que evidencia tendencias colectivas; en este caso una falta de memoria al atrevernos a decir que somos el país mas feliz del mundo sale a relucir; hemos comprado entonces esa idea de que en nuestro país no pasa nada, o será tal vez la mala costumbre de imponernos una realidad sobre otra, con el fin de dejar atrás lo que tanto nos perturba, capturamos nuestra atención en otro acontecimiento que se convierte en una tragedia mas, de una manera egoísta nos apropiamos de una falsa tranquilidad, olvidándonos de dónde están puestos nuestros pies.

Hace aproximadamente un año los medios de comunicación de nuestro país transmitieron algo que para mi resultó ser como un buen chiste de esos que jamás se olvidan; “Colombia, es el país más feliz del mundo”, lo aseguramos nosotros los mismos colombianos; bajo nuestros altos índices de violencia e infinitas desgracias se acomodan y sobreviven los seres mas plenos y felices del planeta. Es esto cierto acaso?, nos puede faltar tanta cordura como para afirmar algo así ,o será entonces esa idea impuesta que nos obligan a comprar para silenciar nuestra precaria situación. Podría ser tal vez un mecanismo de defensa del que nos hemos apropiado y que hemos nombrado felicidad, podríamos decir que nuestra felicidad no depende de cosas materiales; pero en medio de tanta sangre creo que tampoco esto sería lógico.

Probablemente esa cuestión de ser felices es algo tan subjetivo y desconocido que no se nos hace muy familiar, pero cualquiera que sea la razón está muy claro que en el lugar que nos ha visto crecer abunda la desgracia de manera colectiva, tal vez ya se nos ha vuelto algo tan cotidiano que pasa por alto, o será que necesitamos algo más cruel como para recordarlo cada día; pues no deberíamos acostumbrarnos a convivir con él si no hemos de actuar.

“EL LADRIDO DEL PERRO”

En ese entonces no tenia tanta conciencia del olor a pollo orinado que expiden los niños cuando están juntos y asinados, y cómo tenerla si yo era una de ellos. Ahora comprendo la presencia paulatina de la gorda de blanco que invadía el espacio, espacio del cual no tengo un recuerdo gráfico, esa mujer y su sustancia conseguían irritar y enrojecer mis fosas nasales hasta hacerme estornudar sin parar, reacción que hasta hoy me acompaña cada vez que interrumpen el ambiente olores especiales; pero esto no era lo que verdaderamente me atormentaba.

Mis pensamientos y más tiernos sentimientos de aquellos años se agobiaban, se nublaban, se hundían, se sofocaban en ese desesperante miedo, cada día culminado al llegar a casa era un triunfo, cuestión de supervivencia, pero al caer la noche me invadía esa melancolía de pensar en volver al lugar del eco. Cómo no sentirlo si para esos días él era más grande que yo y desde esa ventana redonda me intimidaba con su mirada, sus labios temblaban amenazantes y yo indefensa daba gracias al cielo por estar adentro, pero maldecía la hora de tener que estar del otro lado. Empecé a tomar conciencia de que el tercer bombazo me indicaba la hora de salida, fue entonces cuando comprendí que entre mas me picara la nariz, más cerca estaba la hora de enfrentarlo. Parecía ser yo la única perjudicada, los demás no se daban cuenta del peligro, no entendía por qué no se hacía nada al respecto, pero mis recuerdos trocados ahora me lo explican.

No era abuso sexual, maltrato infantil, ni nada que se le pareciera, era simplemente un perro que a mis tres años perturbaba mi existencia tanto como a un cristiano pecador el día de su muerte.

Como víctima de mis sentidos, apropiándome del camino de la realidad que a ellos les placía mostrarme, esa preciosa pero tenebrosa aroma se encontraba directamente relacionada con el ladrido constante de aquél individuo que sin saber de mi existencia yo veía como mi principal enemigo, mi vida escolar giraba entorno a él, perturbaba mi felicidad, me impedía ser. El eco de su voz empañaba constantemente mis juegos y mi sonrisa, mi atención se centraba como una eterna agonía en esa circunferencia que era la encargada de refregar mi cara ante la cruel realidad de verme sumergida en su hocico.

Planteo el tema del exceso a partir de la cantidad de percepciones de las que nuestros sentidos nos hacen víctimas; marcando para siempre nuestra existencia, haciéndonos dueños de una propia realidad en ocasiones falsa, creando miedos sin fundamentos, la manera en que los recuerdos se encuentran directamente relacionados con lo que estos a lo largo de nuestras vidas nos han ofrecido; todo depende de la medida en que hallan estado involucrados con nuestras experiencias, experiencias que de una manera inconsciente nos transportan a través del tiempo.

Es entonces cuando emprendo mi viaje hacia el año de 1990 cada vez que siento el olor de una marca de plastilina en particular, olor del cual supongo todos alguna vez han disfrutado; olor que para mi era un suplicio, una señal de alerta, pánico y peligro. El ambientador que la gorda de blanco rociaba amenazando el penetrante olor de la infancia es el mismo al de dicho material, que por aquellos días iba acompañado del eco constante de la voz de mis angustias. Si bien hoy en día aquél tierno miedo no es mas que un recuerdo, no puedo evitar de una manera ingenua que se me retuerza el estomago cada vez que siento este aroma.

Mi olfato y mis odios se hicieron cómplices en aquel tiempo para atormentarme, jugaron conmigo, se excedieron, no tenían derecho de intimidar mi inocencia de esa forma, pero así lo hicieron, jugaron sucio para marcar mi vida. No podría llegar a aquél lugar por más que lo quisiera, tampoco describir las personas que allí me acompañaban, mucho menos el lugar donde se encontraba la ventana hacia mi pesadilla, lo que puedo hacer con certeza es escuchar claramente aquella angustiante voz si de pronto se atraviesa este elemento moldeable y de particular fragancia por mi camino, si bien no consiguen escucharlo por medio del olor, cada vez que se encuentren de nuevo con ella serán partícipes de mi angustia.

EL NACIMIENTO POR LA MUERTE

Régis Debray

“El nacimiento de la imagen está unido desde el principio a la muerte. Pero si la imagen arcaica surge de las tumbas es como rechazo de la nada y para prolongar la vida. La plástica es un error domesticado, de ahí que, a medida que se elimina a la muerte sea de la vida social, la imagen sea menos viva y menos vital nuestra necesidad de imágenes”

¿Por qué la imagen y no otra cosa?
Desde cualquier momento o fecha que miremos la historia de la humanidad siempre hemos rendido más culto a la muerte que a la vida misma, vivimos para la muerte y todo gira entorno a una lucha por evitarla; nuestras cotidianas por ejemplo; comemos luchando por nuestra supervivencia y estudiamos, trabajamos y amamos para sentirnos vivos.
Es una constante trivial que el arte nace funerario y renace inmediatamente muerto, todo esto llevado a cabo por medio de la imagen plástica; todo a lo que allí se rinde culto no es realizado a la mirada de los vivos, es de los muertos por quienes se busca dicho bienestar. Todo este depósito de imágenes ha hecho de cada una de nuestras civilizaciones de las que se tiene conocimiento un precioso museo. El culto que se les rendía a los antepasados, entre ellos gente de la burguesía e importantes representantes políticos y religiosos, se desarrollaba con el fin de inmortalizarlos a través de la imagen. Si nos fijamos en los griegos, la cultura del sol enamorada de la vida, para quienes morir era adquirir la vista, el abrir los ojos al mundo. La imagen es la sombra y sombra es el nombre común del doble.
Los ceramistas atenienses representan a veces el nacimiento de la imagen bajo las especies de un guerrero en miniatura que sale de la tumba de un guerrero muerto en combate, LA MAS HERMOSA DE LAS MUERTES Y MERECIDO POR ELLA.
Los ritos de los funerales de los reyes de Francia , entre la muerte de Carlos VI y la de Enrique IV, ilustran tanto las virtudes simbólicas como las ventajas prácticas de la imagen primitiva como sustituto vivo del muerto. El cuerpo del rey debía permanecer expuesto durante cuarenta días, vemos entonces una sustitución de la vida por la imagen, “la imagen es vida”. Es la imagen quien crea y proyecta una divinización del individuo, subiendo la imagen al cielo, no la persona. Al hombre Occidental lo mejor le llega por su conversión, pues su imagen es su mejor parte, su yo inmunizado, puesto en un lugar seguro. Por ella el vivo se impone al muerto. Se considera entonces, evidentemente a la imagen como algo muy fiable, la imagen es el vivo de buena calidad, vitaminado, inoxidable; es una reserva de poder, es la imagen la inmortalización, el símbolo de ello para los más poderosos.
Cada civilización trata la muerte a su manera, por lo cual no se parece a ninguna otra; y cada uno tiene sus formas sepulcrales (pero no seria ya una civilización si no tuvieran una manera particular de tratarla), la mortalidad nos proporciona el don de la necesidad de la imagen. Horos, Gorgona, Dionisios o Jesucristo, cualquiera que sea la naturaleza del mito mayor, siempre produce una figura. De nada se hacen tantas películas y fotos como de aquello que se sabe que está amenazado de desaparición; fauna, flora, tierra natal, viejos barrios, fondos submarinos, etc…con la ansiedad de quien tiene los días contados.

“Posiblemente fue a la vista de la muerte cuando el hombre tuvo por primera vez la idea de lo sobrenatural y decidió esperar más allá de lo que veía. La muerte que fue el primer misterio, pone al hombre en el camino de los otros misterios, eleva su pensamiento de lo visible a lo invisible, de lo pasajero a lo eterno, de lo humano a lo divino”
Fustel de Coulanges
En conclusión es entonces la muerte un espacio para reconocer la magnitud de la imagen sobra la existencia del ser, podríamos hablar tal vez que es la herramienta principal que utilizamos en una desesperada búsqueda por capturar nuestra esencia, esa necesidad de prolongar nuestra vida aunque esto sea después de la muerte, no basta con que la religión nos ofrezca esto, ya que de una manera inconsciente luchamos contra esa constante búsqueda. Considero que el camino más fácil para lograrlo es hacer de las obras de nuestra vida la mejor imagen para quienes quedan, esta nunca será destruida por nada.

LA MODERNIDAD, UN PROYECTO INCOMPLETO

Jürgen Habermas

“La vanguardia debe encontrar una dirección en un paisaje por el que nadie parece haberse aventurado todavía”

Quisiera conducir mi escrito, hacia algo más que un resumen, la relación que encuentro con él en algunas experiencias personales. Algunos de los enunciados del texto me hacen recordar vivencias, en las que si me hubiese apoyado en material como este me hubiera resultado más interesante y fructífera la realización de algunas prácticas. Mi experiencia en la escuela, me ha llevado a concluir que no siempre la academia tiene la respuesta a todo lo que tanto ansiamos descubrir, nuestros deseos de creación se ven muchas veces atados por ideologías conservadoras que contaminan con miedo la necesidad y el disfrute de hacer materia nuestros pensamientos.

No pretendo decir de ninguna manera que el arte tiene el derecho de actuar por actuar, no soy partidaria de un arte “sin sentido”, sin fundamentos y mucho menos sin planteamientos elocuentes y lógicos; pero por ningún motivo estoy de acuerdo en rendir culto a ese “miedo al fracaso”, a esas cadenas que nos obligan a continuar haciendo lo que ya está hecho, actividades que adormecen nuestro cerebro y que en ocasiones nos vemos obligados a desarrollar, “como el payaso que espera un aplauso por su actuación en el circo”. Desde mi punto de vista, y entre todas las facetas de las que el arte goza, considero que el disfrute de la realización plástica da un sentido a todas nuestras creaciones, quienes nos sentimos apasionados por el arte conocemos esa necesidad creadora que nos impulsa a mostrar ese mundo interior que no para de girar, o que por lo menos que en mi vive , por lo tanto considero frustrante cuando nos vemos limitados a cumplir funciones tradicionales, no hablo de una rebeldía que se cierra ante todo lo realizado siglos atrás, por lo contrario cada uno de los logros en cuanto a técnicas y contenidos resultan para mi enriquecedores; en lo que no estoy de acuerdo y que consigue enloquecerme en el peor sentido de la palabra, es esa necesidad que algunos de los maestros con quienes me he topado encuentran en obligarnos a producir y reproducir imágenes simplemente porque son consideradas obras de calidad, todo esto para mi es una red que encierra y no deja avanzar y relucir todo lo malo y bueno que está por llegar, quién dijo que el plasmar lo que es “real” sin intervenirlo es lo mejor que se puede hacer?...probablemente lo sea, pero creo que jamás caeré en dicha práctica.

El elemento del tiempo a algunos logra aterrorizar, quitando valor a aquello que por efímero y pasajero no deja de ser bueno, no pretendo hablar de una rebeldía y revelación ante las funciones normalizadoras de la tradición; -“la modernidad vive de la experiencia, de rebelarse contra todo cuanto es normativo”- ,tampoco de convertir el arte en un quehacer para cualquiera, pero si con gran aceptación doy paso a todas esas propuestas que abren nuestros sentidos cada día y conducen nuestros pensamientos hacia detalles que pocas veces tenemos en cuenta, es de gran valor para mi ver en cada pequeña cosa un elemento artístico al que la retórica le otorga un maravilloso sentido, es sorprendente la capacidad del ser humano (de la mano con el arte) de ver mas allá de lo que físicamente se tiene, el análisis y las diferentes percepciones le dan un valor agregado a la vida, ese sentido que en innumerables ocasiones solo el arte y la filosofía consiguen dar, el sentido de nuestra existencia.

Nada deja más que la experiencia al explorar, por eso creo que debería ser dominante para la práctica artística, no como algo definitivo, sino como un método certero, el desarrollo de la expresión ya que considero que no sólo llegaremos a resultados, sino buenos, también seguros siendo completos propietarios de todas y cada una de las cosas que hacemos, aún mejor si esto se lleva a cabo desde nuestro presente, que es apenas un comienzo; referenciándonos en actividades antiguas claro está, con el fin de encontrar una salida y relacionando todo ello con los problemas de nuestras propias vidas, vinculándolos a nuestra cotidianidad, no solo individual, sino nuestra condición social de la que hacemos parte.

“La experiencia estética no sólo renueva la interpretación de nuestras necesidades a cuya luz percibimos el mundo. Impregna también nuestras significaciones cognoscitivas y nuestras expectativas normativas y cambia la manera en que todos estos momentos se refieren unos a otros”